Sólo con desearlo no basta. Los sueños se cumplen cuando se pone esfuerzo y empeño. Nunca me he levantado de la cama y veía cumplido lo que hasta hace unos minutos había estado soñando. Esto es aplicable a todos los campos de la vida y a todas las parcelas profesionales. Si nos centramos en los medios de comunicación la clave está principalmente en dos puntos: en la programación y en los profesionales que se ponga al frente. Esto parece una obviedad, ¿verdad?, pues parece que hay señores que se dedican exclusivamente a esto y parece que no lo tienen del todo muy claro. Es impensable que yo me crea más inteligente que ellos es una parcela por la que yo me intereso exclusivamente como friki y no como experto.
Hoy sábado, eran las seis y media de la mañana y ya no podía seguir durmiendo. He cogido el móvil, le he enchufado los auriculares y me he puesto a escuchar la radio. Primero un repaso general para ver la programación de cada emisora y después a elegir en la que uno se queda. Pero en este repaso vas comprobando la parrilla de cada radio. Y pasan los minutos. Información de noticias en gran parte del dial a esa hora presentada por buenos profesionales, en otras magacines, radio fórmula y otros que van a contracorriente por no llamarlos náufragos. Obviamente me voy a permitir no dar nombres. A riesgo de ser acusado de cobarde o de tirar la piedra y esconder la mano confío en la inteligencia de quien lea estas palabras y como a buen entendedor poca información es mucha, emularé a la gran Mayra Gómez Kemp y diré aquello de: “hasta aquí puedo leer”.
No se puede ser el mejor sin querer serlo de verdad. No puedes competir con un programa que está completamente fuera de parrilla en ese momento cuando todos los demás llevan programaciones similares. No se puede participar en una carrera cuando todos los rivales pilotan un fórmula uno y hay uno que concursa con una bicicleta, por muy Alberto Contador que sea el que de a los pedales. O también otro ejemplo que tiene caso: no se puede competir en una carrera cuando todos los contendientes corren en bicicleta y hay uno que corre en fórmula uno pero pones a un paquete para que lo pilote. Con mucha probabilidad el coche no se moverá de la línea de salida.
Por esta cuestión me planteo una pregunta: “¿una persona puede ser culta sin ser inteligente?”, porque me consta que hay programadores y directores de contenidos que lo son. Otra cuestión sería: “¿Se puede ser inteligente sin tener ni puta idea de lo que haces?”. Perdón, rectifico esto último. El responsable de este desaguisado si sabe lo que se hace: llevar a la quiebra a una emisora.
Al final cómo se traduce todo esto: pues que la cuerda se rompe por la parte más frágil.
¿La motivación de los directores de área debe ir dirigida exclusivamente a profesionales de élite o cualquier empleado tiene derecho a que se le trate de manera afectiva incentivando su trabajo?
En el último año hemos visto cómo el entrenador del Fútbol Club Barcelona, Pep Guardiola, mima a cada uno de sus jugadores aportándoles esa sensación de jugador único e insustituible que deben de tener. Sin duda toda una inyección de moral para el profesional que ve como el entrenador se preocupa por su bienestar. Con esto se consigue que el jugador de un 200 por cien de su rendimiento y trabaje feliz sin pensar que se cuestiona su profesionalidad. El entrenador, por su parte, consigue que su equipo esté completamente afinado y en su conjunto todo suene con perfecta armonía.
En el caso contrario lo que se conseguiría es una desmotivación y caer en una espiral de la que se es difícil de salir. Todos sabemos que el rendimiento positivo está influido por la mente. Si el profesional está atravesando una mala racha se sentirá cuestionado. Si su director de área no habla con él, éste pensará que su jefe no se preocupa de su estabilidad emocional, y que por tanto no hace bien su trabajo y si no hace bien su trabajo no se merece estar en el puesto de mandamás y si no se merece ese puesto es porque es un completo inútil. Y ¿Qué clase de empresa tendría a un completo inútil como director?
Es cuando el mito de la empresa y de que todo va bien se cae. Al perder la confianza en la empresa en la que trabaja y si a los jefes no se les exige un nivel de calidad el profesional también perderá la calidad de excelencia.
Y es que no importa que la empresa sea grande o pequeña sino sobre la base moral sobre la que se sustente y que a sus directivos realmente les importe su trabajo y sepan desarrollarlo. Si el que debe dar ejemplo no lo hace el modelo a seguir será erróneo y afectará a toda la plantilla. Y siguiendo con los ejemplos de motivación en el terreno del fútbol para este último caso de desmotivación podíamos recurrir a la situación del Real Betis Balompié, donde su máximo accionista tiene unos comportamientos poco ortodoxos y ejemplarizantes.
Sin embargo, y muy a mi pesar, el caso del Sevilla Fútbol Club es completamente diferente. En la presidencia tienen a un líder con un objetivo muy claro. Entre el vestuario y su persona no permite que ningún mando intermedio no cumpla con su objetivo, porque José María del Nido sabe que un fallo en la cadena puede echar a perder todo el producto. Además emplea la fórmula de los lemas positivos para arengar a su tropa. Su preferido es: ¡Sí o si! Y si cualquier eslabón de la cadena falla no espera al segundo error. Por eso es recomendable mimar tanto al profesional de élite como al de segunda fila, porque todos forman parte de un todo, y además, ¡qué coño!, porque también son personas y tienen los mismos derechos. Es imprescindible acudir al origen donde se originó el problema y estudiarlo sabiendo aplicar en todo momento la psicología más útil y necesaria.
Muchas veces no se trata de la aptitud que tengas sino de cómo sea el jefe capaz de sacar el mejor rendimiento de su empleado y para ello se necesita la llamada “inteligencia emocional” que es un don del que todo el mundo no puede presumir. El director debe ser la gasolina y el profesional el motor. Cuando estamos bien con nosotros mismos somos capaces de mover el mundo y somos incapaces de ponernos límites. No vemos fin a nuestras posibilidades
Pero tampoco hay que esperar a que un trabajador tenga un bajón anímico para hablar con él y motivarlo. De hecho, el poco contacto con el profesional ya es motivo de desmotivación. Además aleja al jefe de la realidad de su empresa, por eso se recomienda a todos los directivos que dejen olvidada su atalaya y bajen a la morada del resto de los mortales que es donde se cuece el éxito.
Tal día como hoy, hace exactamente un siglo comenzó una tradición que hoy consideramos mágica. Acompañar a las últimas doce campanadas con doce uvas en la noche más vieja del año está completamente arraigado y lo consideramos un factor de suerte. Todo empezó cuando los cosechadores españoles obtuvieron una gran producción de uva y para deshacerse de tanta cantidad de fruta inventaron este rito. Desde entonces y hasta nuestros días se ha conservado esa tradición. De modo que hoy, cuando las dos manillas del reloj señalen a lo más alto de la esfera habremos dejado atrás 2009 para dar la bienvenida al nuevo año. Es momento de hacer balance y de plantearse buenos propósitos. Desde la Cadena COPE les queremos hacer partícipes de nuestros mejores deseos para 2010 esperando que los malos momentos queden atrás y se afronte una nueva etapa de esperanza y felicidad. Feliz año nuevo… Feliz 2010.
Información de Elmundo.es
El juez Francisco Serrano rompe el tabú de la violencia de género
"Miles de hombres han sido detenidos por el hecho de serlo, tras una denuncia falsa por maltrato. ¿Cuántas mujeres ha sido detenidas por acusar en falso? Ninguna... A partir de 2007, el Gobierno dejó de divulgar cifras de hombres muertos por sus cónyuges". La denuncia del titular del Juzgado de Familia 7 de Sevilla, un hombre moderado con 20.000 sentencias. Esta ley, dice, estigmatiza a miles de hombres y es producto de la "dictadura" del "feminismo radical".
Mujeres piden sancionar al juez que criticó la ley de violencia de género
Diversas asociaciones de mujeres han solicitado al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que abra un expediente disciplinario al juez de familia de Sevilla Francisco Serrano para determinar si su "ideología personal" le permite ponderar con racionalidad en los casos de violencia machista.
Protesta de padres en apoyo al 'valiente' juez que criticó la ley de violencia de género
Un grupo de padres, integrantes de la asociación 'Ambos', se manifestarán este jueves en Sevilla vestidos de Papa Noel para exigir la custodia compartida, denunciar el uso de denuncias falsas por maltrato y apoyar al juez Serrano, "una persona justa" que ha dado un paso "valiente".
Según un comunicado de la Federación Andaluza para la Defensa de la Igualdad Efectiva (FADIE), los manifestantes mostrarán así su apoyo al juez de familia de Sevilla Francisco Serrano, por "haber dado el valiente paso de sacar a la luz el dramático vía crucis por el que atraviesan miles de hombres en nuestro país únicamente por el hecho de haber nacido varones".

¿Recuerdan la película Gladiador? En la última escena, antes de la lucha final entre protagonista y antagonista, el emperador de Roma mantiene un encuentro previo con el gladiador hispano, que permanecía encadenado justo antes de saltar a la arena. Tras mantener una breve conversación, Cómodo, que así se llamaba el emperador, le abraza para felicitarle por su suerte, momento que aprovecha para clavarle descaradamente una daga en la espalda a Máximo, el antiguo general de las legiones romanas. ¡A traición! ¡De forma vil y cobarde! No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que las palabras de congratulación no eran bienintencionadas. Que no sentía ese deseo de felicidad que le estaba transmitiendo. Llevaba tanto veneno esa puñalada e iba cargada de tanto odio que, tras la lucha, dio con el cuerpo del ex militar en el suelo del coliseo. De modo que tras asestarle aquella punzada, Máximo alcanzó la gloria infinita, pero no sin antes morir matando.
El problema de Cómodo es que no aceptaba la popularidad de Máximo, su valentía y el coraje que había empleado a lo largo de su vida para cumplir los objetivos que se había marcado. El pobre gladiador no se vio venir la daga. No se la esperaba. Simplemente agachó la cabeza y esperó a que el emperador le abrazara, aguardando el juego limpio de quien se supone una persona con honra. Hoy en día hay lenguas mucho más afiladas que esa daga, pero por suerte, mentes mucho más yermas e inertes que el certero y afilado acero que posteriormente acabaría con la vida del gladiador. Hay palabras afiladas que pueden tener el mismo efecto que el oculto puñal, pero que sin embargo depende de quien proceda te puede crear indignación y abatimiento o indiferencia y tristeza por el alma negra de esa persona.
A otro personaje, esta vez de la historia real; al menos así lo dicen las sagradas escrituras; tampoco le costó mucho trabajo adivinar en la última cena que uno de los suyos le iba a traicionar. Hablo de Jesús de Nazaret; y Judas, el miserable que unió para siempre su nombre al comportamiento más rastrero, más ruin e infame de la historia.
Ficción o realidad, ambos personajes; gladiador y salvador; llevaron una vida paralela. De los dos abusaron de su confianza para, con la guardia baja, penetrar hasta hacer sangre. De modo que si tienes algún éxito por los que otros te puedan felicitar, ¡cuidado!, hay individuos que consideras cercanos que te abrazarán sin abrazarte, te besarán sin besarte y te felicitarán sin felicitarte. Lanzan una rosa pero dejan las espinas. Lo bueno es que al hacer esto esa persona se retrata completamente. Si eres uno de ellos se temeroso de Dios porque, como reza en el cartel de la película Gladiador, “lo que hacemos en la vida tiene su reflejo en la eternidad”.
Leer la primera parte: Citius, Altius, Fortius
Desde que el Barón Pierre de Coubertin pronunciara la locución latina “Citius, altius, fortius” que significa:” más rápido, más alto, más fuerte” en la inauguración de los primeros juegos olímpicos de la era moderna en Atenas en el año 1896, ya estaba distinguiendo entre los mejores y los peores. Estaba creando barreras, poniendo fronteras y construyendo la competición y la competitividad. A partir de entonces los límites de cada uno se harían más patentes aún si cabe. Se podrían medir y registrar sus esfuerzos y virtudes en marcas y récords. Las virtudes de unos serían alabadas y las carencias de otros se transformarían en resignación y en espíritu de lucha y superación. Pero un sector de la humanidad no lo entendió así. Se separaron del juego límpio y ese virus, transformado en pandemia infectó el sistema inmunológico y neurológico de los más débiles arrastrando hasta nuestros días la enfermedad de la envidia.
Hoy, esa frase y ese modelo sirve para levantar escarnios y para participar en competiciones mucho menos nobles. Representan todo lo contrario al espíritu deportivo que hay que practicar en la vida. Por desgracia, estas tres palabras son las que amenazan los débiles pilares de gente con un gran complejo de inferioridad que quiere pasar por encima de todo aquel que le supere en estas u otras cualidades. Además estas personas, expertas en las malas artes de la enfermedad obsesiva de eliminar todo aquello que la supere, que la haga sentir inferior, que la devuelva a la miseria de su realidad por encima del bienestar y de la calidad de vida de las otras personas que tiene a su alrededor siempre van a tender a ganar o a alcanzar sus objetivos. La regla dice que allá donde haya una persona de esta moral habrá tres de los que se pueda alimentar su odio e inquina. Tres personas que sabedoras de su débil rival no hace ni siquiera aprecio. No se van a rebajar a tan ínfima escala a discutir ningún por menor con esta persona, que tiende a su vez a contaminar a todo aquel débil de mente para entregarlo a la causa.
Es una pena vivir de esa manera. Estas personas se creen juez y parte, las más bellas, las más perfectas, con la potestad de poder criticar y de tener la última palabra. No son conscientes de su propia miseria y quieren reflejar su porquería en los demás. Se ven con la legitimidad de poder decirte a la cara (rara vez, ya que su comportamiento siempre es más cobarde y rastrero) aquello que piensan, que es precisamente de lo que carecen y que casualmente a ti te sobra. Donde todo el mundo ve belleza, ellos ven mediocridad. Donde todos ven inteligencia ellos ven ignorancia. Lo curioso es que como a este tipo de personas nadie las critica porque, afortunadamente para la mayoría pasan inadvertidos, creen que son un dechado de virtud y de ahí que se vean con la legitimidad de poder cargar las tintas contra los demás.
Lo que caracteriza a este tipo de gente es la tendencia a tener que destacar continuamente en cualquier ambiente, intentando dar la nota a cualquier costa. Opinando de lo que no saben, rompiendo el ritmo de una conversación en la que su nivel cultural no le permite entrar. En excesivo abuso del yo: porque yo soy, porque yo tengo. Otra característica es que no saben aportar a una reunión una conversación interesante, productiva, constructiva y didáctica. A ellos se les reconocen por estar siempre hablando mal de otras personas. Despellejando siempre al ausente. El envidioso mira con malos ojos las cualidades, éxitos o posesiones de los demás; que constituyen para él una fuente de malos sentimientos y de profunda insatisfacción. La soberbia y el egoísmo son dos rasgos de personalidad vinculados íntimamente con la envidia. Por la soberbia una persona no está dispuesta a aceptar que otros, a los que considera iguales o inferiores, posean más cosas o tengan más éxito en el campo profesional o social. La envidia es algo íntimo que no se suele confesar.
La categoría hay que demostrarla y ser un señor en todo momento y no inmutarse ante tales reblandecimientos de cerebro. De hecho, mientras más te critiquen más sabrás cuáles son tus virtudes. Aunque, a veces, y llegado un límite hay que parar los pies, pero sin perder la compostura. Frases lapidarias y directas que rompan su falsa percepción de la vida y le devuelva a la realidad. ¡No, señores y señoras!. No podéis ser los mejores, ni los más guapos, ni los más listos. Os tenéis que joder con la escoria que sois. No sois capaces de asumir vuestra propia miseria. Y os aconsejo que no intentéis sectorizar a nadie para ir en contra de una clase más noble. Pero hay gente que está por encima de eso y no quieren perjudicarles porque no es que sólo sean más fuertes, más altos y más rápidos sino además más inteligentes y con más clase. Y sería un error medir las fuerzas contra alguien así. Antes de criticarme intenta superarme.
Hoy me quiero confesar a mi comunidad friki, gafapasta y letraspuras. Me gustan las películas de género comedias románticas. Lo confieso. Mentí cuando dije que me gustaba la ciencia ficción. Blade Runner…una mierda, donde se ponga noviembre dulce que se quiten todas las demás. Espero que esto no me suponga una sanción más dura que la que le ha caído al bueno de Ricardo Costa del PP y pueda seguir utilizando mi espada láser en las reuniones de los replicantes.
Persona, animal o cosa. Líquido, sólido o gaseoso. Piedra, papel o tijeras. Figo, Laudrup o Ronaldo. Atos, pontos o Dogos. Chui, Pai o Cabra. Pepi, Luci o Bon. José, Ortega o Gasset. Pinta, Niña o Santa María. Newman, Brandon o Redford. Liquen, Musgo o Verdina. Óleo, Acuarela o Témpera. Pre, Durante o Post. Infinitivo, Gerundio o Participio. Spectrum, Amstrad o Sega. Playstatio, Nintendo o XBox. Mili, Vanili o el que cantaba de verdad. 1,X o 2. Guisantes, Tortillas o jamón (arroz tres delicias). Impresionismo, Expresionismo o Surrealismo. Monet, Manet o Miró. Yola, Malena o Marlene. Losantos, Francino o Juan Ramón. Izquierda, Derecha o Centro. Mendizábal, Resano o Villanueva. Correa, el Bigotes o Crespo. Filesa, Gürtel o Palau. Malaya, Astapa o El Ejido. Hitler, Franco o Mussolini. Rayos, Truenos o Relámpagos. Chícharos, Garbanzos o Lentejas. Terremoto, Maremoto o Tsunami. Pincho, Tapa o Ración. Crucigramas, Sopa de letras o Sudokus. Pantoja, Jurado o Durcal. El Bueno, El Feo o El Malo. Domingo, Pavarotti o Carreras. Sabina, Serrat o Victor Manuel. Gandía, torrevieja o Benidorm. Bic naranja, Bic cristal o Bic Vaporub. Zaragoza, Huesca o Teruel. Árabe, Judío o Cristiano. Románico, Gótico o Flamígero. Ensalada, Carne o Pescado. Católico, Musulmán o Budista. Hepatitis A, Hepatitis B o Hepatitis C. Peste Equina, Gripe porcina o gripe aviar. Aire, Tierra o Mar. Lago, Playa o Montaña. Semana Santa, Verano o Navidad. Rojo, Amarillo o Verde. Góngora, Quevedo o Moncho Borrajo. Murillo, Velazquez o Zurbarán. Sota, Caballo o Rey. Oro, Incieso o Mirra. Whiskie, Ginebra o Ron. Cabeza, Tronco o Extremidades. Teatro, Cine o Televisión. Bodas, Bautizos o Comuniones. BBC, CNN o NBC. House, Urgencias o Anatomía de Grey. Dinkie Winkie, Lala o Po. Rodrigo de Triana, Hermanos Pinzones o Colón. Luz, Agua o Gas. Euro, Dólar o Yen.. Nasdac, Ibex o Nikkei. Guitarra, Cítara o Ukelele. Piso, Casa o Chalet. Pijo, Hippy o Indie. Heavy, Rock o Pop. Tren, Barco o Avión. Coche, Moto o Ciclomotor. Épico, Lírico o Dramático. Rubias, Morenas y Pelirrojas.
Moraleja: la vida no es A o B. La C también puede ser maravillosa.
Después de este alarde de frikismo espero que me podáis perdonar por haber escupido en la Biblia del friki, como es Blade Runner (Vaya mierdaaaaaaa!!!!, prefiero “Paseando a Miss Daysi”)
Jorge Javier…¡desaparece! Pero haznos un favor y llévate contigo a ese esperpento de pelo amarillo y raíces negras que tienes por colaboradora. Si, esa que ha hecho de su nombre una proclama como: ¡Arriba la Esteban! Esa que no sabe hacer otra cosa en la vida que vivir de su hija. Entre los dos no aportáis ni media a la televisión. Y por esa labor de desprestigio periodístico le han dado un premio Ondas. La agencia EFE lo recogía de esta manera: En televisión, los Ondas han premiado a Jorge Javier Vázquez como mejor presentador al frente del magazín de tarde "Sálvame" (Telecinco), por "renovar con brillantez y sentido del humor" el rol de presentador en un "género controvertido". Hay que reconoceros vuestros altos índices de audiencia, lo cual me hace reflexionar por el tipo de personas que ven tu programa y no deja de defraudarme más la audiencia televisiva de nuestro país. Vuestro elevado número de espectadores tiene una consecuencia gravísima, y es que allá donde coloquéis un programa basura la competencia se ve obligada a ir a remolque y luchar con la misma porquería. Poco guión, insultos y colaboradores que parecen haber salido del mismísimo infierno.
Señor Vázquez, si no habías tenido bastante con ‘Aquí hay tomate’ para crispar a la sociedad y vaciar mentes ajenas mientras se llenaba tu bolsillo ahora vuelves al ataque con otro programa casi peor: ¡Sálvame!
Me da asco compartir la misma profesión contigo. Porque hasta tu desembarco en la televisión privada el periodismo era un trabajo admirado y respetado por todos. De hecho, muchos de los superhéroes ocultan su identidad detrás de un periodista. Más noble profesión no podían haber elegido. Pero ahora te digo que si en nuestra sociedad hubiera un villano al que todos deberíamos derrotar ese eres tú.
Parece que no escarmentaste con ‘el tomate’ y su escandalosa retirada de la parrilla de Telecinco. No aprendiste nada con todo aquello. ¿Y Telecinco, aprendió algo?
Señor Jorge Javier Vázquez, no todo vale en televisión. A la audiencia se la puede complacer de mil maneras. Y no me vale que usted me señale los números de su audiencia diaria para escudarse en los seguidores de su programa. Usted sabe lo dañino que es para formar conciencias y aspiraciones de los jóvenes. Entretendrá a las viejas que no aspiran a nada más en esta vida y tan castigadas en otros tiempos cuya educación se basó en la mano dura y a no hacer uso del cerebro nada más que para saber cuando tienen que retirar la olla del fuego, pero se olvida usted de los efectos secundarios. Ya de por sí está bastante lastimada la educación como para que añadamos un motivo más para abandonar toda aspiración de llegar a ser alguien que aporte algo importante a la sociedad.
No puedo contener el asco que siento cada vez que hago un repaso por las cadenas de televisión y me aparece usted en pantalla con los mensajes subliminales: ¡levantaos pueblo llano, busquemos la fama a toda costa, caiga quien caiga! ¡Seamos sátiros, desprendámonos de nuestras vestiduras, insultémonos y escupámonos miserias a la cara! ¿Esto servirá para cambiar el mundo? No, pero me permitirá seguir en pantalla y viendo como mi patrimonio sigue creciendo a costa de manipularos para que os insultéis, os desnudéis y os tiréis al pozo de la mala vida si yo os lo pido.
De fuera vendrán que tu tele estropearán. Los romanos lo mismo levantaban civilizaciones en la antigüedad que las destruye en la modernidad. La cadena italiana, o cadena amiga te abraza, te desconcierta y te apuñala. Sin duda uno de los males endémicos de la sociedad viene reforzado por una falta de modelos, que sumado a un futuro cada vez más desesperanzador hace que la vida no cobre el sentido del esfuerzo y de conseguir los objetivos con métodos que sean un ejemplo para el prójimo.
Estamos en la generación de la desgana, de la frustración, de la apatía y hoy por hoy no parece mejorar la situación, es más, el nivel educativo parece ser cada vez más bajo. El sistema implantado en las aulas es mucho más pobre que el que existía hace veinte años y si nos comparamos con otros países corremos el riesgo de sufrir la mayor de las vergüenzas. Alabo el nivel educativo y el sistema educacional que existen en muchos países de Sudamérica donde la preparación de sus jóvenes es infinitamente superior a la nuestra. Tanto en conocimientos como en el trato con los demás. Envidio las fórmulas de cortesía que se aprenden en sus colegios y universidades, donde los planes de estudios están pensados para una sociedad que avance a pasos agigantados hacia el futuro.
Por eso me gustaría hacer un llamamiento a todo aquel que tuviera un mínimo de responsabilidad para que empiece a poner un poco de orden. Consiguiendo mejores modelos para una sociedad maltrecha. Una mejor calidad de programación televisiva es posible. Y una reforma de la ley educativa es urgente. Para crear una sociedad donde no nos aplastemos los unos a los otros. Y cuando hablo de hunos me refiero a aquél pueblo bárbaro liderados por Atila en su mayor apogeo destructivo. Hoy Atila tiene otro rostro y en vez de ser aquél tipo duro hoy es un gay confeso pero que arrasa con la misma mala leche.
A continuación les relato un cuento cuya moraleja o enseñanza a veces nos persigue a lo largo de la vida. Muchas veces, por aprendizajes o experiencias pasadas, aplicamos comportamientos con personas o en ambientes diferentes. Esto es, actuamos con un conocimiento aprendido en una situación completamente nueva, aplicando todos los prejuicios pasados. Verbigracia: si anteriormente con una novia hemos sido muy buenos y nuestra novia nos ha dejado dándonos la explicación de que precisamente por ser tan cariñoso se ha hartado de nosotros, con la próxima novia que tengamos directamente vamos a entrar en la relación tratándola con indiferencia. Cuando esta nueva novia nos deje nos dirá: "es que me has tratado con despreocupación, dejadez y apatía". A veces, y eso es lo que quiero reflejar con este cuento, el aprendizaje y la experiencia no la podemos extrapolar ni utilizarla en todos los casos. Cada nueva situación requiere su actuación.
Este cuento lo aprendí cuando era muuy niño y he esperado a saberlo todo para tener un conocimiento universal y saber en que momento poder utilizar cada uno de los juicios adquiridos en cada experiencia de la vida. Pero esto nunca es así. No hay un patrón de actitudes ni de situaciones. Para saber reaccionar y saber que comportamiento es el que más nos conviene aplicar en un momento dado tenemos que conocernos muy bien a nosotros mismos. Sólo así podremos saber manejar mejor cada situación. Sólo así podremos llegar a ser líderes. Porque líder es todo aquel que se conoce a sí mismo, es decir, que sabe gestionar sus pensamientos y regular sus emociones para lograr buenos resultados en todas las áreas de su vida.
Comienza el cuento:
Epaminondas es un negrito, hijo de una mujer negra tan pobre que, como no podía dar a su hijo más que el nombre, le puso el más largo que encontró en el santoral.
La madrina es otra negra, algo menos pobre que la madre; quiere mucho al negrito y le dice que vaya a visitarla con frecuencia para, con ese pretexto, hacerles algún regalillo.
Un buen día regala al negrito un riquísimo bizcocho, y le advierte:
-Llévalo bien sujeto para que no se te pierda.
-Bien, madrina –contesta muy contento Epaminondas.
Y tanto y tanto aprieta la mano durante el camino que, cuando va a entregar el regalo a su madre, sólo lleva unas pocas migas.
-¿Qué me traes, Epaminondas?
-Un bizcocho, madre.
-¡Un bizcocho! ¡Válgale Dios! Pero, ¿qué manera tienes de llevar un bizcocho? ¿Quieres saber cómo se lleva? Lo envuelves muy bien en un papel de seda y después lo colocas en el ala del sombrero; te lo pones, y, muy despacito y derecho, para que no se te caiga, vienes tranquilamente a casa. ¿Has comprendido?
-Sí, madre.
A los pocos días vuelve a casa de su madrina, que ahora le regala un buen pedazo de mantequilla para el desayuno del día siguiente.
Epaminondas coge la mantequilla y la envuelve con mucho cuidado en un papel de seda y la coloca sobre el ala del sombrerón de paja; se lo pone en la cabeza y echa a andar muy despacio, y muy derecho, para su casa. Es un hermoso y caliente día del verano; el sol derrite la mantequilla, que va cayendo en pringosos goterones por la cabeza y cuello del negrito.
Y cuando Epaminondas llega a su casa y quiere entregar a su madre la mantequilla ya no queda nada y el cuello y la espalda del niño parecen untadas de tocino.
La madre se lleva las manos a la cabeza al verle en este estado.
-¡Dios mío! ¿Pero cómo se te ha ocurrido traer así la mantequilla? Para conservarla bien debiste envolverla en hojas muy frescas y a lo largo del camino ir refrescándola en todas las fuentes que encontrases. Sólo así hubiera llegado a casa en buenas condiciones. ¿Lo has entendido?
-Sí, madre.
Y a la vez siguiente la madrina regala a Epaminondas un lindo perrillo. El negrito no lo piensa más; lo envuelve en grandes hojas de parra bien frescas, y por el camino lo va metiendo en todos los arroyuelos que encuentra, de manera que cuando llega a su casa el infeliz perrillo está casi muerto de frío y tiembla como la hoja en el árbol.
-¡Dios me valga! –exclama la madre-. ¿Qué traes aquí Epaminondas, hijo?
-Un perrillo, madre.
-¿Esto es un perrillo? ¿Y es así como lo tratas? Un perrillo se lleva con una cuerda atada al cuello, y tirando de él con cuidadito para que el animal ande. ¿Has entendido?
-Sí, madre.
Y cuando vuelve a casa de la madrina, la buena mujer le regala un sabroso pan, recién sacado del horno, crujiente y doradito.
Epaminondas le ata una cuerda, lo pone en el suelo y vuelve a casa tirando de él, como le había dicho su madre que tenía que hacer con el perrito.
-¡Dios mío! –grita la madre-. ¿Qué me traes aquí, Epaminondas?
-Un pan que me ha regalado la madrina –contesta el niño orgulloso.
-¡Epaminondas, hijo, serás mi perdición! No volverás a casa de tu madrina ni te explicaré ya nada. Seré yo la que vaya a todas partes.
Al día siguiente la madre del negrito se prepara para ir a casa de la madrina y antes advierte al hijo:
-Epaminondas, hijo, ya has visto que acabo de hacer una hornada de seis pasteles y los he puesto sobre una tabla, delante de la puerta, para que se enfríen. Vigila que no se los coma el gato, y, si tienes que salir, mira bien cómo pisas por encima de ellos con cuidado.
-Sí, madre.
La madre se va y el negrito mira cómo se enfrían los pasteles y, como quiere salir, “mira bien exactamente cómo pisa encima de ellos” –uno, dos, tres, cuatro, cinco- y va poniendo los pies sobre cada pastel, convirtiéndoles en una confusa pasta.
La madre llega a poco... y nadie sabe todavía lo que allí pasó, pero el caso es que Epaminondas no podía sentarse al día siguiente.
Se perdió hace casi cuatro años, entró por mi balcón (plaza mayor) la adopté, fue feliz y hoy murió. Me gustaría saber de su pasado.
Este texto circula por los alrededores de la plaza mayor pegado en varias puertas de edificios. Me llamó la atención y le hice una foto. Lo más curioso que el/la que acogíó a la gata lo que ha hecho ahora, reclamando a alguien que le pudiera hablar de ese animal querido, lo debía haber hecho hace casi cuatro años cuando se lo encontró en el balcón de su casa. ¿Se imaginan la cara del verdadero dueño o dueña de la gata si viera ese cartel colgado frente a su casa?. Además la hoja donde se recogen estas palabras va acompañado del número de teléfono del dueño adoptivo e incluye una foto de la gata. La verdad es que la fuerza del texto lo resume todo. Tiene fuerza y está escrito con mucho dolor por su pérdida. No sabemos que historía hay detrás de la persona que acogió en su casa a este animal. Tampoco sabemos nada de sus antiguos dueños. Hay una duda que me asalta. ¿Habría alguna reacción por parte de sus primeros dueños a la pérdida del felino? Si la hubo el objetivo de mi cámara no lo registró, pero sería muy interesante saber cuales son los siguientes capítulos de esta historia. Me estremece particularmente la frase de: fue feliz y hoy murió. En esta frase se concentra toda la carga dramática del texto. Cualquiera que vea la hoja puede pensar infinidad de cosas. Una de ella es que el autor del escrito se está recochineando a los antiguos dueños de la gata. Como diciendo conmigo fue feliz ya que si se escapó de vuestra casa y llegó hasta mi es por que buscaba fuera el cariño que no tenía dentro de su hogar. También podría llamar la atención el empleo del pasado perfecto para definir la acción del fallecimiento: murió. Normalmente cuando se muere un ser querido, y en este caso tanta molestia por colgar el cartel y por interesarse de su pasado así lo demuestra, siempre nos negamos a esa pérdida y en todo caso queremos hacerlo como un acontecimiento tan cercano que aún no nos hayamos hecho a la idea de que ya no está con nosotros. Otra cosa que se podría pensar es la soledad de la persona que acoge al animal. Leyendo el texto podríamos asegurar que volcó en la gata todo el cariño que esa persona no recibía. En parte, pienso que debía sentirse muy identificado con el felino, ya que quizás eran dos almas solitarias que se habían buscado tanto en la soledad que sus almas se sintieron atraidas. Y la gata con un instinto y un olfato especial llegó hasta esa persona para darle compañía y dedicarle hasta el último de sus días, muriendo de vejez a los pies de su nueva dueña. Una cuarta cosa que me llama la atención. ¿Se imaginan ustedes a esa gata sin nombre? ¿Verdad que no? Sin embargo en el texto no se menciona nada sobre el apelativo por el que atendía el animal. Seguramente su último dueño sabía que el nombre que le pusiera no se iba a corresponder con el que tenía en su primer hogar y eso crearía un poco de confusión. ¿Se imaginan que llegaría a pasar de producirse el encuentro entre el antiguo y el nuevo dueño? Me resulta tan emotiva esta historia que bien podría decirse que han habido casos exáctamente iguales pero traducidos al contexto de las relaciones entre parejas. La persona que se encuentra a alguien que huye y ésta se arroja en sus brazos porque ve en sus ojos que necesita a alguien a quien amar. Cuando esta persona muere la necesidad de conocer su pasado lo lleva a mover los hilos necesarios para descubrir de donde vanía y hasta donde hubiera estado dispuesta a llegar si no fuera por que topó con él aquel día. Mientras estubo con vida no quería perturbarla para que le contará su historia, ya que él sospechaba que tenía que ser muy dolorosa. Así la dejó morir. Con ese gran secreto en su alma. Pero la última lágrima que derramó antes de morir y mientras apretaba fuertemente la mano de su salvador le hicieron remover todos los pilares de su mente. En ese momento supo que si él llegara a morir sin conocer su pasado nunca abandonaría este mundo por completo y su alma estaría bagando por los callejones como un gato que se va colando por los balcones buscando un pasado al que está condenado a no encontrar.
He sido testigo directo de la muerte de un reportero. Fue de casualidad, como suelen ser estos imprevistos. Cuatro personas con una visión algo apocalíptica y cansada del periodismo arrastraron ayer a la figura del periodista hasta la Fundación Caixa Forum de Madrid para asesinar con lágrimas en los ojos y delante de casi trescientos asistentes a una forma de vida. La Obra Social de la Caixa ha llevado a cabo una serie de seminarios que impartirán importantes personalidades del periodismo para hacer llegar al público la realidad actual de este trabajo. La noticia es el dilema…(y viceversa) es su título. Los que asistimos a la apertura pudimos disfruta con las experiencias y narraciones de reporteros que llevan más de 40 años ejerciendo esta profesión. Los asistentes al acto fueron Georgina Higueras, corresponsal de El País en Asia, Alfonso Armada, corresponsal de ABC, Gorka Castillo, que ha trabajado para diferentes medios también ejerciendo la corresponsalía y por último y gran atractivo del primer ciclo de esta serie de conferencias Enrique Meneses, también corresponsal en medio mundo para diferentes medios de comunicación.

La conferencia de ayer se titulaba: “El ojo del reportero. Qué no daríamos por una buena historia”. Ante los focos y la atenta mirada de las personas que se concentraban en el acto estudiando cada movimiento de estos supuestos asesinos de reporteros, Georgina Higueras se sacudió la presión de encima confesando que el asesino del reportero es el ciberreportero. Como explicación aseguró que para los periódicos resulta más cómodo tener especialistas que se sepan mover por el ciberespacio y resuelvan reportajes en los que nunca han estado en contacto con el país o con las personas de las que escribe su texto. Higueras sobre todo lo que pretende es mantener viva la esencia del reportero. Para dar más fuerza a su argumento puso sobre la mesa las palabras del maestro Kapucinsky que decía que “si no conocemos los hechos no tenemos la moral de escribir sobre ello”. A lo que recordó al aforo que Santo Tomás de Aquino hizo unas mismas reflexiones al asegurar que “si no lo veo no lo creo”. La corresponsal del país aseguró con resignación que la misión de los reporteros es ser el hilo de las voz de los otros y estaba convencida de que si un reportero no ve el dolor de la gente y no habla con ellos no se puede transmitir lo que es una guerra. Higueras concluye su speech con la fórmula de que un reportero se hace tocando, palpando y mirando.
No menos interesante fue la intervención de Alfonso Armada que empezó su intervención con una reflexión: ¿Hasta que punto los objetivos de las cámaras pueden convertirse en agentes de lo que ocurre? Sus años de experiencia retransmitiendo conflictos le ha llevado a la conclusión de que la presencia de las cámaras pueden provocar conflictos o situaciones extremas que sin dicho testigo ese hecho no se hubiera producido porque el que ejecutase la acción en ese momento no hubiera podido transmitir al mundo su horror. De modo que para Armada, la presencia de una cámara puede retransmitir conflictos pero también puede provocar que se cometan crímenes. Por lo que aseguró el reportero de ABC que una cámara puede hacer que ocurran cosas que de no estar presente jamás hubieran ocurrido. Otras de las reflexiones que lanzó al auditorio de La Caixa Alfonso Armada es qué parte de la realidad es la que se convierte en actualidad. Esta pregunta le sirvió de introducción para lo que él considera fundamental en el interior de un reportero y es el no dejarte influir demasiado por los sucesos, o mejor dicho, que la cotidianeidad de los sucesos no te dejen indiferente. Armada aseguró que lo que están contando en el momento en que ocurre te debe impregnar. Si no lo hace aconseja que nos alejemos y establezcamos una distancia oportuna para volver a sentir las sensaciones del horror.
A continuación tomó la palabra Gorka Castillo quien con su primera intervención no dejó lugar a dudas sobre su postura sobre el reporterismo. Castillo remarcó con aplomo que cada vez abundan más los mercenarios que nos privan de un trabajo pleno. El reportero vasco argumentó estas palabras asegurando que vivimos un mundo en el que las noticias se escriben con rapidez. Se maquetan y se lanzan. El papel de reportero se está matando, aseguró, con la teoría de que ser reportero en la redacción está en desuso. Castillo se lamentó de que a veces en las redacciones sólo exigen al periodista el número de muertos, perdiéndose de esa forma la emotividad en el reportaje.
Para concluir el seminario y como colofón a las grandes intervenciones que le procedían Enrique Meneses, dotado de una gran frescura en el habla, a pesar de sus más de 70 años confesados por él mismo, relató con exactitud la esencia de un reportero. En ese momento se escuchó un ruido unánime en la sala. ¿Clic, clic, clic! No eran cámaras fotográficas. Eran las puntas de los bolígrafos desapareciendo para prestar atención al maestro. Grande Meneses.

Está claro que vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos siempre encontraremos una regla con la que nos mediarán y nos compararán. Y respecto a eso nos encontraremos con un trato (bueno) o con otro (menos bueno). Siempre ha habido clases, pero eso lo descubres cuando te mides a otra persona y éste está por encima tuya. Jueces y juzgados. La historia de siempre. Y siempre se repite. Uno sólo está a salvo de esta regla cuando se encuentra en familia, entre iguales. Es ahí cuando no tememos las comparaciones ni lo halagos. Las preferencias se desvanecen y no hay uno por encima del otro. Es la regla entre clanes, tribus, estirpes, castas, linajes, hordas y clanes. Pero hay momentos en que esa delgada línea se rompe y la gruesa cadena de acero parece seda de hilar. Por desgracia, ocurren tantas tragedias en el mundo que la capacidad de lástima y de lamentar se vuelve cada vez más tenue, dejando los dolores del alma tan sólo para las desdichas familiares. Es por eso que estoy tan apenado. Me siento triste, afligido, desconsolado, dolorido, abatido y ninguneado. Alguien de mi familia me ha despreciado. Las personas existen porque en algún lugar del planeta hay otros que se acuerdan de ellos. Yo por lo visto ni existo, ni coexisto ni preexisto. Un mensaje venido desde la Argentina sólo ha llegado al 25% del clan Silvela. ¿Quizás el otro 25% se haya perdido en la profundidad del Océano?. No lo sé. Con lo sencillo que hubiera sido, tal y como está de adelantada la tecnología, incluir a otro destinatario en el correo electrónico. Olvidar a la buena gente es tarea complicada. Imposible, por calificarlo de alguna manera. Galardones que nos reservamos sólo para unos pocos. Yo, José Manuel León, te nombro a ti, Gustavo Santaella como buena gente, con el plebiscito de mi amistad. Y para no incurrir en errores, este mensaje no será enviado a Pablo porque él no ha elegido sólo a uno para mandar su recuerdo.